Este cuadro me parece particularmente evocador hoy. Así será la entrada al cielo, como dice Matoya: “primero ellas y luego el resto”.

Se levantan a las 4.30 de la mañana y dedican su día a los pobres de los pobres. No tienen sueldo, ni comodidades, se mueven entre las enfermedades más peligrosas del mundo. Apenas tienen ropa o un techo,  y comen de lo que les donan. Pero están en los rincones de la tierra donde nadie se atreve a entrar.

No tienen nada, pero lo tienen todo. Te basta ver su sonrisa que no es de este mundo o su mirada que te cautiva. Quienes las han visto lo saben: quienes no, que lo hagan pero no como quieren mira alguien que pasa por la calle sino que las miren a los ojos porque es un desfase.

Son las hermanas de la caridad, las mujeres más excepcionales del mundo. Hoy, día de la mujer brindo por ellas y pido a Dios que nunca falten porque no conozco a nadie que lleguen donde ellas llegan.

El cielo aguarda a mujeres como esas, y a tantas como dan su vida por los demás. Justo es que el resto vayamos detrás.

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