Las batallas se ganan y pierden en el corazón.

Un poco de honradez es suficiente para darnos cuenta de que hacemos muchas cosas, pero nuestro corazón está lejos.

Nuestro tiempo, nuestro criterio, nuestro humor, nuestros pensamientos y nuestra imaginación parece que están siempre fijos en nosotros y no en los demás.

Lo que más cuesta es tener un corazón grande. Nos ufanamos en mil cosas exteriores tratando de cambiarlas y eso nos causa muchas frustraciones.

Nuestro corazón está inquieto ufanándose en todas esas cosas convencidos de que ahí está la felicidad sin darse cuenta de que está dentro de nosotros

Como decía Machado:

«Converso con el hombre que siempre va conmigo

quien habla solo espera hablar a Dios un día

mi soliloquio es plática con ese buen amigo

que me enseño el secreto de la filantropía«.

 

Que grande son los poetas que saben expresar lo que no se puede expresar y nos devuelven a la realidad de nosotros mismos donde están todas las preguntas y la mayoría de las respuestas.

 

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