En casi todos los cursos sobre liderazgo se pregunta si el líder nace o se hace. Creo que las respuestas de Toni Nadal en esta entrevista nos pueden dar una pista de como se hace un líder. Una entrevista que se hizo en el 2010. El resto lo hemos visto todos.
¿Ha sido demasiado duro con rafa?
Si, muchas veces. Demasiadas. Tensas siempre la cuerda y a veces te pasas. Yo, además de entrenador, soy su tío y eso es determinante. Tengo más ganas de que sea bueno, más autoridad sobre él y más confianza. Estas tres cosas, por otro lado, hacen que a veces aprietes más de la cuenta. Soy bastante duro, la verdad, de palabra al menos. No me gusta el halago. Es cosas de familia…
Recuerdo una vez, en Shanghái, hace unos años, que bajábamos en el ascensor del hotel para ir a cenar. Rafael iba en bermudas y su jefe de prensa le dijo: “¡Oye!, en el restaurante hay que con pantalones largos –y añadió-, aunque a ti no te dirán nada”, Yo se lo reproché: “¡Vaya una educación que le das”! Y a Rafael: “Sube y cámbiate”. Eso hizo. Respetó el principio de autoridad
¿Sin protestar ni hacerse el remolón?
Así es. Era el nº2 y tenía 19 años, pero dijo: “Subo y me cambio”. Se ha educado así toda la vida y le pareció bien. Si a un niño, porque triunfe, le das carta blanca a los 17 años, lo normal es que a los 24 sea un imbécil. No es el caso de Rafael. Ya no hay que decirle que debe hacer.
¿En su carrera, cometió errores que le han permitido tener las cosas más claras para entrenar a Rafa?
Sí, claro. Toda la vida me ha chocado la gente que dice: “Si volviera a nacer, haría exactamente lo mismo” Suena prepotente y estúpido, no estar dispuesto a avanzar o a cambiar. Yo era un jugador rocoso, muy defensivo, fallaba pocas bolas, pero no sabía ganar un punto. Comprendí que para ser bueno había que hacer algo diferente…
¿Tampoco tuvo miedo de que, siendo tan joven, el circuito le quedar un poco grande?
Nunca, Rafael había trabajado mucho desde pequeño, tenía condiciones para ello. Tuvo, eso sí, la mala suerte de tener un entrenador tan duro (se ríe), pero no creo que se arrepintiera. Recuerdo una vez que fuimos a jugar un tornero a San Juan de Luz. Tenía 16 o 17 años y ya ganaba bastante dinero. Tenía contrato con Nike y Babolat. De noche se fue con un amigo a cenar y por la mañana me contaron que se habían metido una mariscada y yo se lo reproché: “A tu edad, lo que debes hacer es comerte una hamburguesa”.
Nunca ha sido de gastar. De hecho, se acaba de comprar su primer coche y , para ello, le pidió permiso a su padre.
Siempre ha mantenido los pies en el suelo. Cuando lo vives desde pequeño y es un hábito, es más difícil que descarriles.
Dicho así parece fácil, pero ganar tanto dinero tan joven sin que le afecte…
Es muy simple. Cualquier padre o tutor sabe que a su hijo lo tiene que guiar hasta que tenga 22 o 24 años. ¿Cambia eso el hecho del que el niño gane dinero? Pues no. Necesita incluso una guía más firme, ya que se ve envuelto en situaciones con algo de potencial desestabilizador. Luego, él se deja guiar o no. Yo siempre he procurado que Rafael entendiera que lo que hace es sólo un juego. Juega bien, eso sí, nada más.
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Y el talento ¿Qué papel juega en todo esto?
Hombre, se tiene o no se tiene. Pero lo que marca la diferencia es el trabajo duro… Ten en cuenta que los deportistas son jóvenes y, sino se les exige, enseguida se distraen. En el caso de Rafael ha habido que tensar para que sepa responder a cada situación, explorar sus límites, inculcarle que cuando viene la pelota, corra siempre a buscarla. Si puedes golpearla a 100 por hora y le das a 80; si en lugar de cogerla delante, te quedas corto; si te paras en lugar de estirarte; es así como decae todo tu juego.
¿Su padre le educó como usted a Rafa?
Bueno, mi padre es un fanático de la música más que del deporte. En mi época, la educación se recibía con el ejemplo. Sabía que tenía que apagar la luz porque mis padres lo hacían. Aprendes más de lo ves que de lo que te dicen. Si a una niña le compras diez muñecas, les dará menos valor que si sólo tiene una…. La disciplina es básica en la educación. Si le dices algo a tu hijo y haces lo contario, no vamos a ningún sitio.
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¿Alguna vez Rafael le ha dicho: “¿Ya no puedo más, me estoy exigiendo demasiado”?
A veces, eh… Mira, estábamos en Roma este año, venia de hacer el tratamiento de rodilla, entrenaba con dolor. No me gusta escuchar quejas; cuando le duele, ni me acerco. Aquel día era martes y debutaba el miércoles, le dolía mucho y ponía mala cara. Le dije: “¡Joder, Rafael!, pon buena cara, así no vamos a ningún lado”. Y él: “¡Puff! Me duele tanto que no puedo. Prefiero decírtelo porque me cuesta soportarlo”. Entonces añadí: “Mira, tienes dos caminos, decir basta y nos vamos o sufres un poco y pones buena cara. Tú eliges”. El domingo, tras ganar el torneo, le dije: “Esta es la diferencia entre aguantar o desistir. Los dolores del martes ahora te compensan, ¿no? ¡Siempre depende de ti verlo de manera positiva, poner buena cara!
Pocos tenistas han evolucionado tanto en su carrera como Rafa. ¿Cómo le ha inoculado esa capacidad de autocrítica?
Nunca le acepté excusas a Rafael para justificar las derrotas. Me decía: “Es el cordaje, es que no sé qué…” · Yo ni siquiera le dejaba saber que cordaje usaba porqué intenté, desde siempre, que se responsabilizara de sus victorias y de sus derrotas. Es siempre una relación causa-efecto: si trabajas bien, puedes triunfar; si no, el fracaso es lo más probable. Tendemos a sobrevalorarnos y, si fallamos, echamos la culpa a otros. Cuando te pregunten: “¿Por qué has perdido?”, la razón es muy simple: “Porque el otro es mejor”. Luego examina tus defectos, pero esto es lo primero.
¿Esa es la evolución de Rafa con el saque?
Yo siempre he sido muy crítico con mi sobrino, le insistía: “Con ese saque no vas a ningún lado” Y él: “No saco tan mal”. Y yo: “¡Como! ¿Sacando, que número del mundo eres?. Y él: “El 50 o por ahí”. Y yo: “¡Que dices! Hay más de cien que sacan mejor que tu”. Es mejor exagerar la crítica que aligerarla. De todos modos, este último cambio en el servicio para el Open de USA fue una idea de Rafael.
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¿“¿La verdad duele, pero curte” podría ser su máxima?
Un día, jugando la Davis, él andaba perdiendo puntos importantes y le dije: “Procura ganar más primeros puntos porque al llegar al deuce no respondes bien”. Me dijo: “Tampoco hace falta que me hables así”. Y yo: “O te lo digo yo o te lo dice el contrario cuando llegues a 40 iguales y pierdas”. Otra vez, en Montecarlo, antes de jugar contra Federer me preguntó: “¿Cómo lo ves?”. Le dije: “Hombre, él tiene mejor drive, mejor saque, mejor volea…” Y Rafael: “No sigas, ¡vaya ilusión!”. Y yo: “Es verdad. Tú le ganas en determinación, ponte al límite de tus condiciones y veremos”. Si le digo que es mejor que Federer, soy idiota. Él tiene 16 Grand Slam y Rafael, 9. ¿Para qué engañarnos?
Tomado de la entrevista a Toni Nadal en el magazine del País el 26 de septiembre de 2010
